
Los alumnos bausatinos entran a la casa de estudios concentrados en las tareas que tienen que presentar. En las aulas encuentran no sólo instrucción académica, sino tips de cómo sobrevivirán a la vida profesional. Desde Cipriano Torres que les enseña que la Constitución Política de nuestro país está en muchas partes mal redactada, hasta entender que para hacer una buena investigación, necesitan seguir el método científico, bajo la tutela del profesor Kohagura. Unos buenos planos que serán nuestra arma de trabajo, son la carta bajo la manga del profesor Rulman Díaz, y los modales y todo el protocolo que la profesora Pitot tan gentilmente nos transmite en conocimiento a través de sus clases prácticas, influyen definitivamente en nuestra imagen como productos para el mundo empresarial de las comunicaciones.
Hay otros alumnos, un tanto más relajados, que se bajan de la combi y corren apurados para entrar al salón de clase antes de que el profesor Ramos de la Flor les cierre la puerta en cara. Y otros que llegan tarde al salón porque acuden a la universidad a imprimir sus trabajos a última hora.
Lo que necesitan es planificación para hacer todo con antelación y no para el último plazo. Tal vez una agenda o post-its institucionales, bajo el auspicio de la escuela, incentivarían un poco más de orden en las mentes de los alumnos. Lo cierto es, que con planificación o no, los alumnos bausatinos terminan el ciclo con todas o casi todas las asignaturas aprobadas y con deseos de pasar al siguiente ciclo para ser algún día periodistas profesionales competitivos y mejores de los que ya existen.
Por Inés Guzman
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